
Increíble. El sonido del fracaso es siempre oscuro, ¿pero es esta oscuridad la misma que se menciona? O es la decepción de los ojos color albino por intuir la guerra que se libra no tan lejos. En la azotea nos azotan los rayos como mordidas, la que decide se extienda la tarde y sea este bar simulacro de la noche, simulacro de la intimidad, simulacro de tardes de café y vino. Mezcla digna de héroes.
Escucha a tu corazón, asómate a tu corazón, quizá te unas a los cientos que como tú abren las manos en señal blanca y denunciadora, escucha a tu corazón, es el sonido del fracaso cuando otras palmas duermen con el puño cerrado, con los dedos cruzados, mutilados.
Los sueños que te tejen la hamaca donde meditas, donde lees mis ladridos en tu idioma, se acercan directo a tu cabeza, a tu rostro y miran meditabundos que un chasquido puede sonar a amor, si son millones de chasquidos que pronuncien con firmeza una creencia común. En el bosque suenan los ecos de las llamas encendidas en Palestina, hasta los robles tienen miedo.
1 comentario:
Precioso (y cierto)
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